Vamos a morir. ¿Cuándo?

septiembre 23, 2025

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BoletinesResiliencia - Mindfulness y mucho más

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Geoffrey Molloy

vamos a morir

Cuando realmente comprendes la impermanencia, la vida cambia.

Solo hay dos cosas de las que puedes estar absolutamente seguro en la vida:

  1. Vas a morir.
  2. No tienes ni idea de cuándo.

Un comienzo muy alentador, ¿verdad? No te vayas: te invito a seguir leyendo.

Cuando leíste eso, ¿cómo te afectó? ¿Te provocó malestar, una punzadita de ansiedad, tal vez incluso ese pensamiento instintivo: “Vaya, qué deprimente. Esperaba algo más alentador, no un puñetazo “filosófico” en el estómago”?

Pero aquí está el quid de la cuestión: afrontar la realidad de la impermanencia no es nada deprimente. De hecho, es la verdad más liberadora y que más afirma la vida que jamás abrazarás. Es como si el universo te sacudiera por los hombros y te gritara: “¡Despierta! ¡Este momento es el único que realmente tienes!”.

El Dalai Lama lo resumió perfectamente:

“El hombre sacrifica su salud para ganar dinero. Luego sacrifica el dinero para recuperar su salud. Está tan ansioso por el futuro que no disfruta del presente; el resultado es que no vive ni en el presente ni en el futuro; vive como si nunca fuera a morir y luego muere sin haber vivido realmente”.

¡Bufff! Y sin embargo, muy acertado.

En nuestra sociedad hemos eliminado y diluido lo que es la muerte intentando hacer como si no existiese. Actuamos como si solo fuese algo que les pasa a “otras personas”. (Spoiler: no es así). Y sin embargo, cuando escuchamos a quienes están al final de sus vidas, sus remordimientos rara vez tienen que ver con el dinero, el estatus o tener suficientes cosas. ¿Cuáles son los remordimientos más comunes?

Eso es todo. Esa es la lista. Nadie en su lecho de muerte dice nunca: «Ojalá hubiera dedicado más tiempo a responder correos electrónicos».

Cuando realmente comprendes la impermanencia, la vida cambia. Dejas de tolerar las relaciones tóxicas. Perdonas más rápido. Dejas de buscar la aprobación como si tu vida dependiera de ello (no es así). Te disculpas antes. Eres más amable y cariñoso. Pierdes menos tiempo anestesiándote con distracciones, ya sea alcohol, compras, navegar por redes sociales o reorganizar tu estante de especias por quinta vez esta semana.

Como suelo decir: la adicción es simplemente “lo que hacemos en vez de hacer lo que nos toca hacer”. Y todos somos culpables de ello, especialmente cuando vivimos como si nunca fuéramos a morir.

Pero cuando te enfrentas a la realidad, a que tu tiempo es corto, precioso y gloriosamente impredecible, vives de otra manera. Más intensamente. Con más agradecimiento. Más aquí y ahora, en el momento presente.

Porque la eternidad no es un horizonte lejano que se extiende hacia el pasado y el futuro. La eternidad es este momento. Aquí y ahora. Y si puedes vivirla de verdad, nunca te sentirás más vivo.

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