alert title

alert text

Tengo mi consumo de aguacates bajo control

Foto destacada de la publicación

Geoffrey Molloy

Me queda por conocer a alguna persona que mienta sobre su consumo de aguacates. ¿No te parecería algo extraño si tus amigos empezasen a mentir sobre cuántos aguacates comen al día? ¿Por qué? Porque los aguacates no son una droga adictiva y por tanto nadie se preocupa por controlar su consumo de aguacates. El alcohol, […]

mayo 6, 2021

Alcohol independienteBoletines

no comments

Me queda por conocer a alguna persona que mienta sobre su consumo de aguacates. ¿No te parecería algo extraño si tus amigos empezasen a mentir sobre cuántos aguacates comen al día? ¿Por qué? Porque los aguacates no son una droga adictiva y por tanto nadie se preocupa por controlar su consumo de aguacates.

El alcohol, por lo contrario es una droga adictiva; es la droga más dañina en nuestra sociedad. En los comienzos era divertido pero a medida que aumenta nuestra tolerancia y la dependencia, el aspecto divertido disminuye.

Mentir sobre la cantidad de alcohol que consumimos en nuestra sociedad es tan normal que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Mentir sobre cuánto alcohol consumimos suele empezar cuando somos jóvenes y todavía creemos que beber alcohol es guay, divertido y nada dañino. (Esto es por las 100.000 exposiciones de lavado de cerebro a las que hemos sido sujetos antes de cumplir los 18 años.) Creemos que es sexy, “de mayores”, un signo de sofisticación, especialmente si somos capaces de “aguantar” la bebida. Cualquier lunes después de una fiesta no es inusual escuchar a una persona joven que dice: “¡Vaya fiesta! ¡Me tomé por lo menos siete cubatas!”  incluso si en realidad sólo fueron tres cubatas. ¿Por qué? Porque todavía lo vemos como algo “cool”. Pero, espera otros quince años y la tendencia ahora es minimizar la cantidad de alcohol que se bebe. A la pregunta: ¿Cuánto bebiste ayer por la noche? “Un par de cañas” es la respuesta estándar, incluso si la cifra real es probablemente mayor: cuatro, seis u ocho cañas.

Nadie miente sobre su consumo de alcohol o de cualquier otra cosa si no les preocupa un poquito. Por ejemplo, puede que una persona no se clasifique como adicto al alcohol, pero instintivamente sabe que el efecto del alcohol en sus vidas no es positivo. Sin embargo, ellos mismos no quieren creer que puedan tener un problema. Definitivamente, no quieren que nadie más piense que beben demasiado o que puedan tener un problema.

También vemos esta progresión de mayor tolerancia y mayor dependencia en la forma que justificamos cuánto bebemos. Pregúntale a la mayoría de personas durante los primeros cinco/diez años bebiendo: ¿Por qué bebes? Probablemente oirás una respuesta parecida a esta: “¡Es brillante, divertido, es pasárselo bien!” Pregunta después de quince o veinte años bebiendo alcohol y la respuesta casi seguro será: “Me ayuda a relajarme”. “Me ayuda a desconectar”. Y pregúntalo otra vez después de treinta años y la respuesta será casi seguro: “En verdad no lo sé, es sólo algo que hago”.

Otro signo del incremento de la tolerancia y la dependencia es negociar, es poner normas para convencerte a ti mismo y a otros que lo tienes todo bajo control:

Nunca beber solo, nunca beber antes del mediodía, nunca beber nada más fuerte que cerveza, nunca beber en casa, nunca beber en público. La realidad es que no tenemos que establecer normas para algo que tenemos bajo control. Sólo podemos crear estas normas cuando estamos intentando retomar el control.

Comentarios de la comunidad

No comments found.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Enviar

</> with <3 by Latte