¿Qué haces cuando te sientes mal?
octubre 7, 2025
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Geoffrey Molloy
Lista de cosas que hacemos en vez de hacer lo que tenemos que hacer cuando nos sentimos mal.
Una definición de adicción que empleo a menudo es la siguiente:
Es lo que hacemos en vez de hacer lo que nos toca hacer.
He aquí un dato interesante: no existe tal cosa como una familia normal. Todas las familias son imperfectas; todas las familias tienen sus distorsiones, sus aspectos extraños, sus aspectos saludables, sus aspectos divertidos y sus aspectos dolorosos.
Lo que aprendemos en nuestras familias es cómo sobrevivir. Más concretamente, cómo sobrevivir en ese entorno familiar concreto, en esa infancia concreta. Las estrategias y los comportamientos que aprendimos y que nos ayudaron a superar nuestra infancia pueden crear dificultades cuando somos adultos. Pueden causarnos sufrimiento, hacernos sentir vacíos, enfadados, deprimidos, ansiosos o desesperados por complacer a los demás.
La adicción es lo que hacemos para calmarnos, para sentirnos mejor durante un rato.
El alcohol, otras drogas tanto recetadas como ilegales, el sexo, el juego, el streaming, las redes sociales, el ejercicio… La lista de cosas que hacemos en vez de hacer lo que tenemos que hacer es interminable. Cada actividad tiene sus consecuencias; cada una tiene el potencial de crear un sufrimiento mayor que el problema original.
El cambio se produce cuando empezamos a asumir la responsabilidad; cuando decidimos escribir nuestro propio guion; vivir según nuestros propios criterios, en vez de complacer sin cesar a toda esa gente imaginaria que tenemos en la cabeza. Será difícil, será incómodo, pero la recompensa merece la pena: mayor paz, una oportunidad de alcanzar la verdadera felicidad, un sentido de propósito y de conexión.
El alcohol siempre ha contenido una gran mentira: que es inofensivo y divertido. En realidad y objetivamente, es altamente adictivo, cancerígeno y la droga más dañina de nuestra sociedad.
Impide que muchos de nosotros hagamos los cambios que necesitamos hacer. Nos impide crecer como necesitamos crecer y alcanzar nuestro pleno potencial. Vivimos nuestras vidas como gallinas en vez de reclamar nuestro legítimo derecho, que es vivir como águilas.
Tenemos una vida preciosa, este regalo maravilloso y milagroso. Liberarte del alcohol (no entrar en recuperación, no padecer de una enfermedad, no asistir a reuniones durante el resto de tu vida) es el primer paso para reclamar tu legítimo derecho, para convertirte en el autor de tu propio guion.
Naciste sin alcohol. Antes de empezar a beber, no lo necesitabas ni lo echabas de menos. De hecho, la primera bebida alcohólica te supo horrible. Nunca decidiste volverte dependiente. Así que pregúntate: «¿Qué me hace creer que tengo que pasar el resto de mi vida envenenándome sistemáticamente con alcohol, sintiéndome dependiente, arriesgándome a padecer una enfermedad horrible, mientras todo el tiempo racionalizo, diciéndome a mí mismo que no es tan malo, sabiendo intuitivamente la verdad de que es malo para mí y, a menudo, para los que me rodean?»
Hoy en día bebo todo lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero; simplemente no quiero. Disfruto de buenas comidas, de grandes ocasiones sociales en las que se sirve alcohol.
No lo necesito, no lo quiero, no lo echo de menos.
No envidio a los bebedores; son los bebedores los que me envidian a mí.
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