Las cosas pasan… ¡es lo que hay!

julio 7, 2026

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Geoffrey Molloy

las cosas pasan

El dolor es inevitable; el sufrimiento es casi siempre opcional. La capacidad pasar página y de perdonar es fundamental para evitar el sufrir.

Hay una expresión vulgar en inglés: “Shit happens”. (“Las cosas pasan… ¡es lo que hay!”) Este sentimiento se expresa de forma más refinada en el poema “Rainy Day”: “Into each life some rain must fall”. (“En la vida de todos llueve alguna vez”).  Cada una de estas frases tiene un matiz de aceptación estoica (que no debe confundirse con la resignación). Son afirmaciones sobre la inevitabilidad del dolor en esta vida. Seas quien seas, por mucho que planifiques con cuidado, lo cierto es que a veces la vida simplemente sale mal.

Así que hagas lo que hagas, aunque lo hagas “a la perfección”, las cosas a veces salen mal.

Quizá te haya engañado alguien en quien confiabas, quizá hayas cambiado de trabajo con resultados desastrosos, quizá hayas entregado tu amor a la persona equivocada. Quizá hayas tomado una decisión que te haya llevado por el camino equivocado y te haya dejado sintiéndote herido, infeliz y perdido.

Todo esto nos dice que el dolor en la vida es inevitable. Es la experiencia de ser un ser humano. A nadie le gusta sufrir, y sin embargo, todo el mundo lo hace. Sin embargo, hay otro tipo de dolor que se describe mejor como el dolor del sufrimiento. Se trata del sufrimiento que nos generamos a nosotros mismos. Tomamos la situación y la revivimos una y otra vez con vergüenza, arrepentimiento y rabia. Luchamos contra el universo porque no es justo, porque no cumple nuestras expectativas o nuestro sentido de la justicia. No cambiamos nada, mientras nos hacemos sentir peor.

Es como si el universo (tomando forma humana) te hubiera disparado una flecha; te atravesó la armadura y te alcanzó el corazón, y te dolió. Podrías haberla sacado, haberla tirado y haber dejado que la curación comenzara. En lugar de eso, la sacaste y la guardaste con cuidado en una caja que llevas contigo a todas partes. Más tarde la sacas y te apuñalas repetidamente con ella. Puede ser a las 4 de la madrugada, puede ser en pleno acto sexual, puede ser cuando estás relajado y de vacaciones. Sacas la flecha de su estuche y te apuñalas con ella una y otra vez. Esto tiene el mismo sentido que intentar clavar gelatina en el techo. El pasado es el único lugar al que nunca puedes ir, es el único lugar donde nada se puede cambiar (ya ha sucedido). No consigues nada, salvo pensar obsesivamente; te hace sentir fatal, lo que a su vez empañará tu vida y tus relaciones aquí, en el momento presente.

El hecho es que la vida te lanzará flechas. Como mínimo, experimentarás el sufrimiento ineludible de la enfermedad, la vejez y la muerte.

Entonces, ¿qué parte de tu sufrimiento es autoinfligido y completamente innecesario? ¿Por qué no puedes simplemente dejarlo ir? ¿Por qué te resistes a lo que sientes? Las inevitables flechas de la vida son inevitables, pero ¿puedes liberarte del sufrimiento autoinfligido?

He aquí una observación útil: “Lo que resistes, persiste”.

“Pasar página”, aprender la lección y seguir adelante es una habilidad esencial que enseñamos en nuestros retiros aquí, en Las Bardas. La capacidad de dejar ir y de perdonar es fundamental si alguna vez esperas encontrar paz en tu corazón. Además, mejora las relaciones, la salud y la conexión con tu vida.

El dolor es inevitable; el sufrimiento, por lo general, es opcional.

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