La muerte y la práctica de Tonglen
enero 15, 2026
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BoletinesResiliencia - Mindfulness y mucho más
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Geoffrey Molloy
La muerte es algo cierto, por eso, afrontarla puede dejarnos sensación de miedo e impotencia. Y… ¿Qué sucede después de la muerte?
Hace unos días murió un buen amigo y con ello se cerraron muchas décadas de amistad. Rhea y yo viajamos para estar con su viuda y ayudar en todo lo que pudimos. Tonglen fue una práctica de un valor incalculable durante esos días.
Como muchos de los que leéis esto sabréis, Tonglen es una práctica de meditación del budismo tibetano conocida como Lojong o “entrenamiento de la mente”, que consiste en inhalar el sufrimiento de los demás y exhalar paz, sanación y compasión. El término “tonglen” se traduce aproximadamente como “dar y recibir” o “enviar y recibir”, donde tong significa “dar o enviar” y len significa “recibir”. También, se conoce como “intercambiar el “yo” con otro (ponerte en la piel del otro)”, invirtiendo así la tendencia habitual a evitar el sufrimiento y buscar el placer para uno mismo.
Tonglen ayuda a reducir el apego egoísta, a aumentar la renuncia y a expandir la bondad amorosa y la bodhichitta.
Solo hay dos cosas seguras en esta vida: que morirás y que no sabes cuándo.
A pesar de estas incertidumbres, tendemos a evitar pensar en la muerte. Tal vez sea porque la muerte es algo cierto. Quizá, precisamente por esa certeza, afrontarla puede dejarnos con una sensación de miedo e impotencia. La muerte de alguien se siente abrumadora; crea un espacio incómodamente vacío en el abdomen; también una especie de entumecimiento; todo el cuerpo se siente distinto, más pesado y más sensible; una opresión en la garganta y la sensación de que las lágrimas están a punto de brotar. También, hay un toque de incredulidad, de irrealidad, mientras uno intenta integrar lo ocurrido. Sentí —y sigo sintiendo— una tristeza y una sensación de pérdida profundas. Acompañando estas sensaciones hay un torrente constante de recuerdos: conversaciones, comidas compartidas, carcajadas, discusiones, la cara que ponía en diferentes momentos. Estos recuerdos surgen al azar y con una viveza extraordinaria, y cada uno de ellos trae consigo una oleada de emociones.
Tonglen es la práctica que me ancla en estos momentos. ¿Cómo lo hago? Visualizo a mi amigo, su “esencia” en tránsito. Inhalo su miedo, su dolor y su incomodidad, visualizándolos como un humo oscuro, acre, denso y claustrofóbico. Respiro ese humo hacia mi corazón abierto y deliberadamente vulnerable, donde entra en el espacio infinito de la conciencia pura, la atención amorosa que es mi esencia y la naturaleza de todos nosotros. Allí visualizo la transformación de ese humo de dolor y sufrimiento en una intensa luz azul llena de paz y amor, en realidad, de todo aquello que mi amigo pueda necesitar. Al exhalar esa luz y enviársela, digo: “que estés en paz, que estés a salvo”. Hago esto durante mi meditación formal y muchas veces a lo largo del día. Hago lo mismo por su viuda y por su hijo.
Y aquí llegamos a la gran pregunta: “¿qué nos sucede después de la muerte?”
Te remito a la siguiente historia zen:
Un estudiante estaba sentado a los pies de su maestro, un maestro conocido por su inteligencia, su sabiduría, su paz y su compasión. “Dime, maestro, ¿qué nos ocurre cuando morimos?”, preguntó el estudiante. “No lo sé”, dijo el maestro. “Pero tú eres un gran maestro zen; ¿cómo es posible que no lo sepas?”. El maestro respondió: “porque no soy un maestro zen muerto”.
La verdad es que nadie sabe realmente qué puede o no puede suceder después de la muerte. Sin embargo, si hay algo que pueda hacer para ayudar a mi amigo (por ejemplo, Tonglen), entonces haré todo lo posible por él.
Después de mucha reflexión, contemplación y estudio, sospecho que la conciencia es la base de todas las cosas y que el espacio/tiempo es, en realidad, un artefacto o una interfaz de la conciencia. Pero no sé si es así o no. No sé si existe la reencarnación. (Supongo que lo sabré lo suficientemente pronto; lo descubriré cuando me toque a mí marcharme de la fiesta.)
Si la conciencia no es en realidad más que una cualidad emergente que surge de la complejidad física, imposible sin algún tipo de sustrato físico, entonces la conciencia desaparece cuando morimos y no hay “nada”. En ese caso, simplemente no importa, porque me ha ayudado a expresar mi amor por él y también me aporta calma. Es lojong, una oportunidad para entrenar la mente y el corazón.
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