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La Felicidad – por qué perseguirla no te hara más feliz

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Geoffrey Molloy

La felicidad es como una mariposa: cuanto más la persigas, más te eludirá; pero si pones tu atención en otras cosas, vendrá a posarse en tu hombro. – Henry Thoreau Nos hemos confundido sobre lo que es la felicidad y nos está haciendo infelices. En otras palabras:  ser feliz no es el propósito de tu […]

abril 26, 2021

BoletinesResiliencia - Mindfulness y más allá

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La felicidad es como una mariposa: cuanto más la persigas, más te eludirá; pero si pones tu atención en otras cosas, vendrá a posarse en tu hombro. – Henry Thoreau

Nos hemos confundido sobre lo que es la felicidad y nos está haciendo infelices.

En otras palabras:  ser feliz no es el propósito de tu vida. Sin embargo, si crees que lo es y conviertes ser feliz en tu objetivo, serás muy infeliz.

La evolución nos ha proporcionado una fuerza básica por la que guiarnos − un instinto compartido por todos los seres. Tenemos una aversión natural al sufrimiento y nos sentimos atraídos a la felicidad. Estos son instintos para guiarnos − no objetivos. Han evolucionado para mantenernos vivos.

Por ejemplo, el hambre es un tipo de sufrimiento (un sufrimiento que pocos en nuestra sociedad han sufrido). La sensación incómoda nos hace buscar comida. Una vez encontremos comida y la hayamos comido, nos sentiremos más calmados, más felices. El impulso básico nos motiva a pasar de tener hambre (desde el punto de vista de la evolución un estado poco deseable) a la saciedad (un estado mucho más deseable) y nos sentimos más felices. La felicidad no es el objetivo; comiendo lo suficiente para sobrevivir es el objetivo. El sufrimiento y la felicidad me ayudan a llegar ahí. Esto es igual de cierto para nosotros como lo es para mi perro y todos los demás animales de nuestra finca y en el bosque. El sufrimiento y la felicidad existen simplemente para hacer que nos movamos y hagamos lo que tenemos que hacer para sobrevivir. Por ejemplo, estoy caminando por el bosque de noche; hace frío y está lloviendo; estoy calado, me siento incómodo, me siento ansioso por los lobos y los osos que pueda encontrar y me puedan hacer daño. La ansiedad me hace estar más alerta, más capacitado para evitar el peligro. Finalmente llego a casa, estoy seguro, calentito y he comido; naturalmente me siento feliz.

Sufrir o sentirnos incómodos nos hace actuar. La felicidad nos dice que tenemos suficiente, que hemos “llegado”.

Si entendemos esto entonces entenderemos la superficialidad e inutilidad de convertir la felicidad en el objetivo de nuestras vidas.

Perseguir la felicidad te dejará sintiéndote agobiado/a y ansioso/a. Una vez leí una fórmula muy fácil para la felicidad:

Felicidad = Realidad Expectativas

Al soltar cualquier tipo de expectativa de felicidad, cuando llega, será como la mariposa posándose en tu hombro; siempre te traerá alegría.

Así que ¿qué hacer?

En primer lugar, olvídate de buscar la felicidad. Si verdaderamente quieres ser feliz entonces lo primero que tienes que hacer es dejar de intentar ser feliz, dejar de preocuparte sobre si eres “suficientemente feliz”. En vez de esto, aprecia el gran regalo que es simplemente estar vivo, de ser consciente y tener la habilidad de apreciar. Desarrolla la actitud de ecuanimidad; vive una vida íntegra. Esto significa acoger todas las experiencias, tanto las “buenas” y las “malas”, las difíciles y las fáciles, las cómodas e incómodas. Pon tu atención fuera. Parafraseando las palabras de John F. Kennedy:

No preguntes al mundo qué puede hacer por ti; pregunta qué puedes hacer tú por el mundo.”

Encuentra una causa digna dentro de ti − algo más grande que tú. Y dedica tu tiempo en ello. Tener un propósito es mucho más importante que la felicidad. El propósito trae mayor felicidad y mayor resiliencia. Decidas lo que decidas, debería ser para el beneficio de los demás; debería ayudar a otros. Definitivamente debería ser algo que no cause daño a otras personas. Puede que sea ayudar a cuidar de los enfermos, a cuidar de los mayores, a ayudar a aquellos en la pobreza; cuidar a niños para que alguien pueda descansar; ser voluntarios en vuestra comunidad; trabajar para reducir el cambio climático.

Haz que tu comunidad sea un sitio mejor; haz que tu sociedad sea mejor.

Donar dinero está bien; donar esfuerzo es mucho mejor. Es fácil sentir compasión hacia “la humanidad” pero lo que necesitamos de verdad es compasión por esa criatura complicada llamada “ser humano” que puede ser mucho más difícil.

Esto puede sonar un poco sombrío − tanto enfoque en el dolor de otros y el sufrimiento del mundo. Ayudar a otros de manera directa te conecta y hace más feliz. Cuando trabajas para contribuir al bienestar de otros también mejorarás tu propio bienestar. Por eso, si quieres ser feliz, enfócate en otros y no en ti mismo.

Tendrás más oportunidades de alcanzar la felicidad cuando sea la consecuencia y no el propósito de tus acciones.

No abandones cuidar de ti mismo con prácticas como la meditación, mindfulness, el agradecimiento, la compasión y el perdón. Si no cuidas de ti mismo, no estarás en ninguna condición de cuidar de otros. Todos marcamos la diferencia en esta vida; cuidar de ti mismo, mientras a su vez pones tu atención en ayudar a otros, te ayudará a marcar la mayor diferencia que puedas.

Te deseo una vida llena de mariposas.

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