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LA COMPASIÓN

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Geoffrey Molloy

Normalmente se malentiende lo que es la compasión.  Para algunos es sinónimo de “lástima”.  Otros asocian la compasión con ser débil.  Antes de seguir, definamos la compasión. La compasión se puede describir como: “el deseo de aliviar el padecimiento de otro”. Me gustaría empezar por una citación de Albert Einstein: “El ser humano es parte […]

noviembre 28, 2008

BoletinesResiliencia - Mindfulness y más allá

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Normalmente se malentiende lo que es la compasión.  Para algunos es sinónimo de “lástima”.  Otros asocian la compasión con ser débil.  Antes de seguir, definamos la compasión.

La compasión se puede describir como: “el deseo de aliviar el padecimiento de otro”.

Me gustaría empezar por una citación de Albert Einstein:

“El ser humano es parte de un todo que nosotros llamamos el universo, una parte limitada tanto en espacio como en tiempo.  Experimenta el mismo, sus pensamientos, sus sentimientos como algo separado de los demás, una especie de engaño óptico de su consciencia. Este engaño actúa como una especie de prisión para nosotros, que nos restringe de nuestros deseos personales y del cariño por algunas personas cercanas a nosotros.  Nuestra tarea tiene que ser liberarnos de esta prisión ampliando nuestro círculo de compasión para abrazar a todas las criaturas sensibles y a toda la naturaleza en su belleza”.

Las ideas de Einstein siguen guiando una gran parte de la ciencia moderna así como la manera de interpretar el universo en el que vivimos. Su declaración refleja también la antigua sabiduría oriental.  El hecho es que, de cualquier forma que se mire – desde un punto de vista religioso, espiritual o científico – todos estamos hechos de la misma energía o materia.

Todos hemos experimentado lo que Einstein describe en las siguientes situaciones:

Una de las experiencias humanas más profundamente satisfactorias es el sentido de tener una conexión con el “corazón” de otra persona – da igual que ocurra en una sobre mesa con amigos cercanos, o cuando estamos con nuestra familia.  Puede incluso ocurrir con alguien relativamente desconocido.  Nos encontramos inmersos en esa situación y de repente nos hacemos conscientes de que desaparece el sentido de separación y aparece lo que se podría llamar una “conexión con el corazón”, casi imposible de describir o conceptualizar, pero sí se puede experimentar.  Experimentamos la misma sensación de conexión por ejemplo cuando llegamos a la cima de una montaña y de repente nos encontramos con una vista de inmensa belleza natural; una hermosa puesta de sol, ver cómo galopa un caballo, ver todas las estrellas en una noche muy oscura.  Lo que todos estos momentos tienen en común es una maravillosa sensación de conexión.

La mente racional está quieta, el sentido de separación desaparece y estamos allí formando parte del momento y no separados de él, disfrutando sencillamente de la experiencia.

(Nota. A veces el sentimiento de amor que experimentamos con familiares muy cercanos o con nuestra pareja, podría estar relacionado  también con nuestras necesidades emocionales).

El error que comete la mente racional es identificar la situación, la persona etc. como la fuente de la buena sensación, en vez de verlo por lo que es: una desaparición momentánea de la ilusión de separación.  Si caemos en la trampa de creer lo que la mente nos dice en el momento, podemos quedarnos pegados a esta persona o a esta situación.  Podemos incluso empezar a creer que necesitamos a esta persona o situación para ser feliz.  Por tanto se puede convertir en una fuente potencial de insatisfacción; o se puede emplear para excluir a otros.

Todo esto suena interesante, pero ¿qué tiene que ver con la compasión?

La compasión es una especie de realización de la realidad, lo que explica porqué cuando a una persona (en particular a una persona que te ha hecho daño) le miras a través de los ojos de la compasión, esto puede suponer un sentido de alivio.  Es un alivio porque para mantener la ilusión de que somos entidades separadas – lo que se expresa de la siguiente manera: “tengo que luchar por todo lo que soy (es decir, todo dentro de esta piel) para defenderme de todo lo que no soy (todo fuera de esta piel), – se toma una postura que requiere una inmensa cantidad de energía. Se requiere mucha energía para permanecer enfadados y tener indignación justificada. ¡Qué esfuerzo!  Qué alivio soltar este esfuerzo y qué maravilloso no tener que seguir haciéndolo.

La compasión no es selectiva, no es algo que hacemos para nuestros amigos y nadie más.  Se debería tratar como un hecho, tal y como es en realidad.  Todos merecen/merecemos compasión.  Todos sufrimos enfermedades, el envejecimiento y la muerte:

Cito a Sogyal Rinpoche:

“…cuando finalmente sabemos que estamos muriendo, y que todos los demás seres vivos están muriendo con nosotros, empezamos a sentir un ardiente sentido de fragilidad y hermosura de cada momento y de cada ser que casi nos parte el corazón, y desde aquí puede crecer una profunda compasión clara y sin límites para todos los seres.”

Repito: Es muy importante recordar que la compasión de verdad no es solo una respuesta emocional sino un compromiso firme en base a la realidad. Da igual si la persona es guapa y amable o poca atractiva y poco agradable, como tú,  quiere ser feliz y no sufrir. Además tiene el mismo derecho a superar el sufrimiento y disfrutar de la felicidad.  Una actitud de compasión no cambiará aunque la persona se comporte mal.

Ejercicio: El siguiente ejercicio se puede emplear para generar compasión:

Instrucciones: Este es el ejercicio “Avatar” para la compasión.  Lo puedes practicar donde haya una agrupación de personas (aeropuertos, eventos, playas etc.)  Deberías hacerlo con desconocidos, de manera discreta y desde cierta distancia.  Intenta realizar los cinco pasos con la misma persona:

Con tu atención en la persona, repítete a ti mismo: “Igual que yo, esta persona está buscando felicidad para su vida.

Con tu atención en la persona, repítete a ti mismo: “Igual que yo esta persona está intentando evitar sufrimiento en su vida.”

Con tu atención en la persona, repítete a ti mismo: “Igual que yo, esta persona ha conocido la tristeza, el sufrimiento y la desesperación.”

Con tu atención en la persona, repítete a ti mismo: “Igual que yo, esta persona está buscando satisfacer sus necesidades.”

Con tu atención en la persona, repítete a ti mismo: “Igual que yo, esta persona está aprendiendo sobre la vida.”

Lo puedes hacer también con personas más cercanas a ti, por ejemplo tu pareja o una persona que te ha hecho daño.

Practicar o generar la compasión no significa que permitas que te traten mal.  Sin embargo, para reconocer que todos sufrimos, que todos estamos intentando salir adelante en la vida, que todos estamos aprendiendo, que a todos nos han hecho daño, que todos queremos ser felices y que todos queremos ser amados, no es más que reconocer y estar en contacto con la realidad,  la realidad para todos. A veces, perdemos nuestro camino, nos comportamos de modo que en vez de reducir nuestro sufrimiento y aumentar nuestra felicidad, conseguimos lo contrario y el sufrimiento puede empeorarse.

Cuando veo a una persona enfadada, en vez de responder con ira, intento durante un instante, entender cómo tiene que sentirse esta persona.  Sé – por experiencia – que la ira es sufrir de verdad.  De hecho, no puedo pensar en otra maldición peor que “estar enfadado toda tu vida”.  No saboreas la comida, el mundo parece hostil, no puedes experimentar el amor.  No hay paz en la ira, sólo sufrimiento.  El enfado en otra persona puede provocar enfado en uno mismo fácilmente.  Si respondemos a la ira con más ira, ahora en vez de tener a una persona que sufre, ahora son dos al menos.  Con la compasión no condonas las acciones de la otra persona, sino que al ver a la persona desde una perspectiva compasiva ayudas a disipar la energía negativa.

Existe una cita sencilla y maravillosa del Dalai Lama:

“Si quieres que otros sean felices, practica la compasión.  Si tú quieres ser feliz, practica la compasión.”

Mientras permanecemos en la ilusión de estar separados puede parecer que no hay suficiente amor para repartir y que tenemos que defender lo que es nuestro, por si no queda suficiente para nosotros.  La realidad es que cuando abres tu corazón o dejas que te lo toquen, empiezas a descubrir que es inmenso y sin límites y te maravilla la ternura y espacio que existe allí.

Experimentar la compasión para uno mismo y para otros es vital para el bienestar, no sólo del individuo sino también para el futuro de todos los seres humanos.

Actos crueles e insensibles por parte de una persona hacia otra no son posibles en la presencia de la compasión.  Los grandes crímenes de guerra y genocidio sólo  han sido posibles después de un programa de “deshumanización” del grupo “víctima”.  Por ejemplo, los Judíos en la Alemania nazi, los Tutsis en Rwanda, los Palestinos en Israel, los Musulmanes en Serbia.

La deshumanización no es más que una campaña para erradicar la compasión.  Es un requisito previo y esencial en guerras y genocidios.

Puede que estés leyendo esto, pensando que todo está bien pero que tú vives en el mundo real.  “No puedo cambiar, desarrollar la compasión. Mi vida es demasiado dura”.

Creo que lo seres humanos llegan a ser más creativos/muy creativos cuando buscan excusas.

¡Vete más allá de las excusas y hazlo!

Cito de Victor Frankl (un superviviente de los campos de concentración nazis)

“Los que vivíamos en los campos de concentración podemos recordar a los hombres que paseaban por los barracones consolando a los demás, dándoles su último trozo de pan.  Puede que fueran pocos, pero ofrecen suficiente prueba de que se puede quitar todo a un hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas – elegir nuestra actitud frente a una serie de circunstancias determinadas.”

Así que ¡practica la compasión!

Aparte del ejercicio que acabo de describir puedes generar compasión a través del comportamiento altruista.  Por ejemplo, escuchar activamente LINK  En vez de pensar constantemente en lo que quieres decir tú o ganar la discusión, dedícate a escuchar de verdad y a entender a la persona.  Es una de las cosas más maravillosas que puedes hacer. Todas estas palabras están muy bien, pero lo más importante es la práctica.

En las palabras de Thomas Aquinas:

“Preferiría sentir compasión que conocer su significado.”

Aún no estés convencido, considera los siguientes estudios científicos:

Según estudios realizados entre otros por la Universidad de Chicago, la Universidad de Stanford, la Asociación Estadounidense de Psicología, los actos compasivos mejoran el sistema inmunológico al reducir la respuesta al estrés y fortalecer la respuesta “relax” del cuerpo; ayuda a equilibrar las pulsaciones, tensión arterial y metabolismo celular.

También reduce el dolor al estimular la producción de endorfinas. Además, los estudios demuestran que las personas involucradas en actos compasivos y altruistas tienden a disfrutar de una mejor salud mental, ser  menos propensos a padecer depresión y demuestran tener niveles más altos de satisfacción.

La compasión no tiene ningún lado negativo.  Es fantástica para la vida de las personas, es maravillosa para ti y esencial para el bienestar del planeta.  ¿Qué más esperas cuando eliminas una ilusión y te pones en contacto con la realidad?

Referencias

STRESS AFFECTS IMMUNITY IN WAYS RELATED TO STRESS TYPE AND DURATION, AS SHOWN BY NEARLY 300 STUDIES. American Psychological Association. July 4, 2004. Revised 2007

Schwartz et al. Altruistic Social Interest Behaviors Are Associated With Better Mental Health Psychosomatic Medicine 65:778-785 (2003) © 2003 American Psychosomatic Society.

Pain relief: Jacobs, Gregg D. Clinical Applications of the Relaxation Response and Mind-Body Interventions. Journal of Alternative and Complementary Medicine. Dec 2001, Vol. 7, No. supplement 1: 93-101

Rhode, Deborah. Altruism and Hurricane Katrina: Lessons For and From the Public’s Response to Social Needs. Standford Center on Ethics. 2005.

Lama, Dalai HH. Altruism. Excerpt from Transforming the Mind. UK:Thorsons. 2000.

Swanbrow, Diane. People who give, live longer, IRS study shows. The University Record Online. November 18,2002.

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