El curioso caso del «desequilibrio químico»

abril 24, 2026

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Geoffrey Molloy

desequilibrio químico

No hay pruebas sólidas de que los trastornos mentales
se deban simplemente a un “desequilibrio químico”.

He perdido la cuenta de cuántas veces he oído a la gente explicar cómo se siente achacándolo a un “desequilibrio químico”: dopamina, serotonina, ¡elije lo que prefieres! Suena científico, tranquilizador, fácil de “entender”, elegante e incluso ingenioso. Casi… demasiado ingenioso.

Así que hagamos una pausa y dejemos las cosas claras:

No hay pruebas científicas sólidas/independientes que demuestren que las enfermedades mentales estén causadas por un simple desequilibrio químico en el cerebro.

Tras décadas de investigación, seguimos sin disponer de una prueba que pueda medir ese desequilibrio en un ser humano vivo. Ni una sola. Y, sin embargo, la idea persiste.

¿Por qué?

Bueno… existe algo conocido como la regla de oro: quien tiene el oro, hace las reglas.

La teoría del “desequilibrio químico” no surgió de una ciencia innovadora y concluyente. Fue una hipótesis diseñada por los que quieren vender pastillas, una que se hizo muy popular en los años noventa y dos mil, impulsada por su marketing y promoción engañosos, pero muy rentables.
Por supuesto, los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina sí desempeñan un papel en el funcionamiento del cerebro. Pero la idea de que trastornos como la depresión o la ansiedad son simplemente el resultado de una deficiencia —como quedarse sin combustible— es, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva. En el peor de los casos… es engañosa e incluso dañina.

Empecemos con la serotonina. Una importante revisión de 2022 de la University College London no encontró pruebas claras de que los niveles de serotonina sean responsables de la depresión, a pesar de décadas de mensajes que sugieren lo contrario.

¿Y el mercado mundial de los antidepresivos ISRS? Más de 17.000 millones de dólares al año. No está mal para una hipótesis que se desmiente fácilmente.

Hoy en día, la serotonina está un poco pasada de moda. La dopamina ha pasado a ocupar el centro del escenario: la nueva explicación para todo lo que nos pasa – la nueva moda. Es la misma historia, con una nueva etiqueta, pero, una vez más, sin pruebas sólidas/independientes.

De hecho, es más acertado decir que muchos de estos fármacos no corrigen un desequilibrio químico… sino, que lo crean; curiosamente, muchas personas que toman antidepresivos no dicen sentirse más felices.
Dicen sentirse… menos. Entumecidos. Apáticos. Desconectados.

Toda esta obsesión por el “desequilibrio” encaja perfectamente en un patrón cultural más amplio: la idea de que falta algo, de que algo va mal y de que la solución está ahí fuera:

La filosofía de la sociedad consumista es: Tómate algo. Da igual tu problema; ya sea ansiedad, estrés, dificultad social, dependencia/adicción. Hay algo como una “solución química que puedes ingerir, esnifar, tragar”.

La última molécula milagrosa que nos hará vivir hasta los 120 años, tener mejor aspecto, pensar más rápido y sentirnos de maravilla mientras lo hacemos. Constantemente nos venden el próximo avance revolucionario… que, curiosamente, es sustituido por otro “avance revolucionario” unos años más tarde.

(Incluso estamos viendo cómo la nicotina se está rebautizando ahora como una “droga que te hace más inteligente”. Fuertemente promocionada por los cómplices de la industria en las redes sociales. Sería gracioso si no fuera tan dañino).
Pero aquí está la verdad incómoda —y liberadora—:

La salud y el bienestar no vienen de fuera. La felicidad no está “ahí fuera”. La paz no nos espera en otro lugar.
Ya están aquí.

Lo que a menudo nos falta no es una sustancia química, sino nuestra capacidad para apartarnos a nosotros mismos de nuestro camino el tiempo suficiente para experimentarlas.

El camino de vuelta no es complicado. Quizá no sea fácil, pero sí sencillo:

Dormir bien: de 7 a 9 horas. Da prioridad a descansar/dormir bien.

Hacer ejercicio: fuerza y trabajo aeróbico; pasear, sobre todo al aire libre/campo.

Comer bien: comida de verdad, no demasiado, principalmente vegetales.

Entrenar la mente: meditación, reflexión, perspectiva, percepción, gestionar e integrar sentimientos agradables y desagradables, tener sentido y propósito en tu vida.

Sin exageraciones.
Sin curas milagrosas.
Sin campañas de marketing.

Solo prácticas tranquilas y poco glamurosas que realmente funcionan. Las que enseñamos aquí en Cantabria – en la Finca las Bardas y Online.

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